Dpto. de Latín del I.E.S. Ategua

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Latín, selectividad, ponderaciones, salidas y algún que otro contrasentido.

Desde hace mucho tiempo, uno de los bulos más extendidos dentro del contexto educativo de las Enseñanzas Medias en España es aquel que aconseja estudiar cualquier itinerario posible salvo el de Humanidades porque ese Bachillerato «no tiene salidas». La extensión de este rumor (y ¡mira que nos gusta a los españoles un rumor!) no ha surgido solamente del mundo del alumnado y de sus experiencias laborales posteriores (¡ojalá! ¡Así, cuando menos, habría una explicación!).

Este comentario interesado se propagó cual peste negra (y eso que entonces no había «redes sociales») hace tiempo y coincidió con la época en la que se inició el rechazo a todo aquello que tuviera que ver con el Latín (y, de paso, con el Griego), rechazo que nos llevó a la situación agónica en la que nos encontramos en la actualidad. Se identificó Latín con todo un mundo siniestro de épocas anteriores y ello implicó llevarse por delante todo el apartado lingüístico y cultural sin mayores miramientos. Posiblemente, la razón sea que las mentes bien pensantes de la época tuvieron un aprendizaje (porque lo tuvieron), posiblemente, traumático de la lengua de Roma y para superar dicho trauma decidieron cortar de raíz todo lo que se relacionara con el mundo grecolatino para evitar a sus vástagos todo lo malo que tenía y tiene la cultura de sus propios antepasados. Sin embargo, se les olvidó aquello de que «Un pueblo que olvida su Historia, está condenado a repetirla», y lo mismo nos vemos en alguna recuperación de Septiembre: poco consuelo nos queda más que pensar que el tiempo sea, efectivamente, cíclico.

Pero la «tragedia clásica» no sólo surgió de legisladores y normativas varias: frecuentemente, el enemigo ha estado y está conviviendo con nosotros.

Por un lado, los Departamentos de Orientación de algunos institutos, por no sé exactamente qué razones, quiero pensar que por comodidad y/o pura incompetencia, han orientado en masa al alumnado de la siguiente manera: «Tú vales para estudiar, a ciencias; tú no vales, a ciencias sociales; tú, ¿a Humanidades? ¿con lo listo y trabajador que eres?, tú verás. Tú … ’No, no, yo soy el que trae los Donuts’ … pues a ciencias sociales.» Sería conveniente, ya pasados algunos años, hacer una estadística con alumnado de varias generaciones para ver adónde «salieron» al final y, en cualquier caso, si el hecho de haber estudiado Humanidades les hubiera impedido estudiar aquello que querían.

Por otro lado, la envidia con la que nos ha mirado y nos mira el resto de Departamentos Didácticos de los institutos, que nos consideran auténticos privilegiados por el hecho de tener clases con pocos alumnos y un Departamento con poco profesorado (se acuerda alguien todavía de qué gran día fue para estos envidiosos aquel en el que se empezó a hablar de la desaparición de los Departamentos unipersonales), cuando, míseros, no se dan cuenta de que estos «privilegios» no eran, no son, más que la consecuencia de un proceso de desaparición y lento estrangulamiento al que estamos siendo sometidos tanto el Latín como el Griego. Y si se dan cuenta, ¡que Plutón los acoja en la más oscura mazmorra de los Infiernos y Némesis cobre cumplida venganza!

Pero, volvamos a lo de las «salidas» que es lo que realmente me ha llevado a escribir hoy. ¿Por qué se acepta que las llamadas ciencias tienen más? ¿A qué se llama “salidas”? Me gustaría que alguien me lo explicara. Posiblemente, quienes sin rubor así afirman estén confundiendo salidas laborales con acceso a estudios posteriores. Me puede explicar alguien por qué para estudiar Filología Hispánica o Anglogermánica es más útil estudiar, por ejemplo, economía que Latín. Es sólo un ejemplo. Deberíamos tener claro que estudiar Humanidades no implica, necesariamente, estudiar Filología Clásica en la Universidad. Sin embargo, el no hacerlo sí nos lleva a encontrarnos con paradojas como la de un abogado especialista en Derecho Romano, un especialista en Historia Antigua, un Arqueólogo o un Filólogo Hispánico que no tiene ni idea ni de Latín ni de Griego (o si la tiene, tuvo que sacarla de su tiempo y dinero con posterioridad. Espero que se lo agradezca a quien tan bien lo guió).

Todo este preámbulo viene motivado por el hecho de que hace unos días llegó a mis manos la «Resolución de 20 de enero de 2011, de la Comisión del Distrito Único Universitario de Andalucía, por el que se aprueban los parámetros de ponderación para el cálculo de la nota de admisión para el ingreso a las titulaciones de grado que se impartirán en el curso 2011-2012.» Fue la lectura de este documento la que me impulsó a escribir todas estas letras, después de que me asaltara el pensamiento de que el alumnado y parte del profesorado pueden seguir acomodados en la creencia a la que aludíamos al principio y, posiblemente, fuera el momento para concluir que no todo lo que está comúnmente asumido tiene que ser lo correcto.

La actual prueba de Selectividad consta de dos partes:

  1.  Una general y obligatoria para acceder a la Universidad, que constará de:

    • Comentario, por escrito, de un texto no especializado y de carácter informativo o divulgativo, relacionado con las capacidades y contenidos de la materia de Lengua castellana y literatura.

    • Un segundo ejercicio sobre Historia de la filosofía, Historia de España y, en su caso, Ciencias para el mundo contemporáneo y Filosofía y Ciudadanía.

    • El tercer ejercicio será de lengua extranjera.

    • El cuarto ejercicio versará sobre los contenidos de una materia de modalidad de segundo de Bachillerato.

  2. Una específica y voluntaria: Cada estudiante podrá examinarse de un máximo de cuatro materias, que elegirá entre las materias de modalidad de segundo de Bachillerato.

    Nota: para quien no lo sepa, el Latín es asignatura de modalidad, luego puede ser materia de examen en ambas partes, aunque no en la misma convocatoria.

Pues bien, una vez aprobada la Selectividad, llega el momento de matricularse en la Universidad y aquí cobra importancia el «Real Decreto 1892/2008, de 14 de noviembre, por el que se regulan las condiciones para el acceso a las enseñanzas universitarias oficiales de grado y los procedimientos de admisión a las universidades públicas españolas.» y, sobre todo, su artículo 14.3. Copio y pego literalmente todo el artículo.

« Artículo 14. Nota de admisión a las enseñanzas universitarias oficiales de Grado. 1. Para la admisión a las enseñanzas universitarias oficiales de Grado en las que se produzca un procedimiento de concurrencia competitiva, es decir, en el que el número de solicitudes sea superior al de plazas ofertadas, las universidades públicas utilizarán para la adjudicación de las plazas la nota de admisión que corresponda, que se calculará con la siguiente fórmula y se expresará con tres cifras decimales, redondeada a la milésima más próxima y en caso de equidistancia a la superior.

Nota de admisión = 0,6*NMB + 0,4*CFG + a*M1 + b*M2


NMB = Nota media del Bachillerato.
CFG = Calificación de la fase general.
M1, M2 = Las calificaciones de un máximo de dos materias superadas de la fase específica que proporcionen mejor nota de admisión.
a, b = parámetros de ponderación de las materias de la fase específica.

2. La nota de admisión incorporará las calificaciones de las materias de la fase específica en el caso de que dichas materias estén adscritas a la rama de conocimiento del título al que se quiera ser admitido, de acuerdo con el anexo I.

3. El parámetro de ponderación (a ó b) de las materias de la fase específica será igual a 0,1. Las universidades podrán elevar dicho parámetro hasta 0,2 en aquellas materias que consideren más idóneas para, de acuerdo con la finalidad de la prueba a la que se refiere el artículo 5, seguir con éxito dichas enseñanzas universitarias oficiales de Grado. Las universidades deberán hacer públicos los valores de dichos parámetros para las materias seleccionadas al inicio del curso correspondiente a la prueba. »

Vayamos, pues, terminando y concluyendo:

  1. Si no se va a estudiar una carrera claramente distanciada del campo de las Humanidades, se puede hacer por el Bachillerato de Humanidades.

  2. Las Universidades de Andalucía consideran el Latín como materia más idónea (ya que le dan un parámetro de hasta 0,2) para seguir con éxito las enseñanzas universitarias oficiales de Grado de: Derecho, Educación Infantil, Educación Primaria. Y consideran idóneos tanto el Latín como el Griego (hasta 0,2) para las siguientes enseñanzas: Estudios Árabes e Islámicos, Estudios Franceses, Estudios Ingleses, Filología Clásica, Filología Hispánica, Filosofía, Historia, Humanidades, Información y Documentación, Lengua y Literatura Alemana, Lenguas Modernas y sus Literaturas, Lingüística y Lengua Aplicadas, Literaturas Comparadas y Traducción e Interpretación.

  3. Además, hay bastantes más opciones con hasta 0,1 que podéis ver en el documento adjunto entre las que destacamos: Administración y Dirección de Empresas, Bellas Artes, Ciencias políticas, Geografía e Historia, Pedagogía, Periodismo y Turismo.

En resumen, espero haber aportado mi granito de arena para contribuir a desterrar la maldición que nos condena a no tener alumnado porque el Bachillerato de Humanidades no tiene salidas (Fama, impia Fama): el Bachillerato de Humanidades posibilita el acceso a todas las enseñanzas superiores mencionadas. Cuestión distinta es que esas enseñanzas nos aseguren luego un puesto de trabajo en lo que nos gusta, digno y duradero, pero ¿podrían firmar esta última aseveración esos Bachilleratos que nos hacen creer que son superiores al de Humanidades? No estoy tan seguro, o mejor dicho, estoy seguro de que no: sin ir más lejos, Dédalo fue un magnífico ingeniero y arquitecto y se quedó encerrado en su Laberinto «sin salida».

(Traído de la antigua web. Febrero, 2011)


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